Era un viernes. Llovía. A chuzo. Esperábamos afuera, con una media hora de adelanto oportuno, en la cola para entrar a la Fondation Cartier. Choque de paraguas, risitas de expectación, y yo hasta nerviosa de tan contenta: mi amiga P me había conseguido, tras algo de presión de mi parte, una invitación para la inauguración de la nueva exposición "the air is on faire" del gran David Lynch...
Lo anterior no sólo quería decir que podría ver gratis la imperdible exposición concebida, creada y montada por el “maestro” mismo (incluida la música incidental)!! y que constituye la exposición más importante jamás hecha de su obra como artista plástico!!… ¡no!, además, ese día, iba a poder verlo A ÉL EN PERSONA, pues estaba presente, y ¡además! iba a escucharlo tocar en vivo… ¡cómo no sonreír todo el rato mientras sujetaba mi paraguas!, y mientras se me helaban los pies… 
Los minutos pasaban, mmm, pero la cola avanzaba muuuy lentamente… la gran cola que, de acuerdo al grado de civilización parisino (al que pondremos en duda en un instante), formaba una gran especie de C en la cuadra. "Pero ¿qué pasa?" esto va demasiado lentamente, para nosotros que pensábamos que habíamos exagerado con llegar antes… "hay mucha gente"… "mmm, si…"; "y ya hay, además, mucha gente adentro"… "mmm, si…". En el aire comienza a flotar una desconfianza ansiosa, preguntas. De pronto, vemos un mar de gente “achoclonarse” (en buen chileno) en la entrada, y luego, la cola ya no avanzó más (!). Cuenta la leyenda –basada en averiguaciones post-sucesos de lo que aquí narro-, que en ese momento alguna encargada de la logística del evento, sobrepasada por la cantidad de asistentes al mismo, se asomó a la entrada diciendo “por aquí los que tienen invitación”, -es decir, el caso del 99% de los que ahí estábamos-, lo que gatilló una avalancha de los últimos de la cola, que alcanzaba las alturas de la entrada… total, la cosa colapsó...
La lluvia iba en aumento, la gente comienza a inquietarse, a preguntarse entre ella, y nuestro grupo (en el que se cuenta una pareja de portugueses que han venido a Paris sólo por esa noche para la ocasión, y mi amiga periodista que ya está comprometida para cubrir la apertura con algún medio) comienza a “panicar”. Más de una hora después de estar de pie aún en el mismo metro cuadrado, entre “la foule” cada vez más furiosa, en la que rumores van y vienen, aparece una mujer de rostro acongojado lanzando el balde de agua fría: “lo sentimos, por razones de seguridad no podemos hacer entrar más gente esta noche; pero con su invitación pueden venir y entrar otro día gratis a ver la exposición… sentimos las molestias del caso, y bla, bla, bla…” Ayayay! claro que vendría de nuevo a ver la expo tranquila, pero esta noche lo que quería(mos) era verlo a él!!… la gente reclama, se dispersa muy de a poco, mi amiga angustiado-furiosa despotrica contra la mala organización (¡cómo se reparten más invitaciones que la real capacidad de acogida!)... y yo, derrotada, resto en un triste “bu”… Y estoy diciendo “bueno, me voy a un cumpleaños, chao, puchas, si, que lástima…” cuando de pronto, entre nuestras miradas atónitas aparece él… no!?.. si!! es ÉL!...

No exagero al decir que nos quedamos todos 5 segundos en blanco, paralizados, antes de reaccionar y partir veloces hacia él, tras una foto, un autógrafo, o un simple acercamiento… Yo chapoteo en el barro y estoy en un instante muy cerca de él… ¡que precioso es!, tan alto, tan impecable, tan blanco!... pienso en sus años de meditación trascendental, en su genio… pues todo eso lo acompaña, mientras camina, flotando entre rostros boquiabiertos, entre manos que se le acercan “monsieur Lynch”, que él aprieta, mientras lo rodean los flashes, y él avanza, preguntando a la comitiva que lo rodea los pasos a seguir, saludando, sorprendiendo (claro!)... Cuando pasa a mi lado, yo, -un monstruo de timidez al fin y al cabo, aunque había decidido darle la mano-, me quedo quieta y solo atino a mirarle… nuestras miradas se cruzan, eso sí, un par de segundos… et ça me suffit largement!...

Luego de su bizarra y rápida "vuelta olímpica" a la entrada de la fundación, lo vemos desaparecer otra vez. Si no fue iniciativa suya salir, el que haya aceptado aparecer para convidarnos un poco de su presencia a los desafortunados invitados que quedamos fuera, nos más que bastaba. Eso era lo que algunos de nosotros queríamos: simplemente participar de su espectáculo... et bien voilà…

Me despedí de mis compañeros de espera, aún en una especie de estado de schock y de euforia, con la anécdota del breve encuentro en los labios, para contarla en el bar a donde me dirigía…; me fui caminando de prisa. Seguía lloviendo… a la vuelta de la esquina un clochard, ajeno a todo, dormía su borrachera en silencio…
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A quienes están en París, no se pierdan la expo!... bella y oscura, y muy completa! (obras desde los 50' hasta hoy, pinturas, dibujos y croquis, fotografías, animación, cortometrajes...), está genial, la atmósfera, el diseño de las instalaciones, todo...; y además es realmente único poder ver una exposición concebida y montada por el propio artista (y que artista!)... dense su vuelta...


THE AIR SI ON FIRE
DAVID LYNCH
3 MARS- 27 MAI 2007
(Fotos: marzo 2007)